Madrid.
3.53 de la madrugada. 28 de diciembre. Domingo. El Sr. M se retuerce en la cama
desde hace varias horas. Es ya la cuarta noche consecutiva en la que su viejo
enemigo, el Insomnio, le vuelve a hacer compañía. Hacía tiempo que no le visitaba. Y como
siempre, se dejaba caer por sorpresa.
-Hijo de
puta, no me dejas en paz ¿eh? Pasa, pasa, ponte cómodo.
Estás en tu casa-, le dijo.
Pero
esta vez con el Insomnio volvió otra vieja conocida: la Inspiración. Algo desmejorada,
pero estaba de vuelta. De esto no tenía
quejas. De hecho, se alegró de verla. Se preguntó dónde cojones se había metido
su única y verdadera amiga. Aquella que nunca le había abandonado en los
momentos más bajos. Aunque agradecido por su incondicional apoyo, también se
cuestionaba por qué la mayoría de visitas se producían en situaciones de
tormento, y nunca o casi nunca en los momentos de jolgorio y felicidad (que los
había). Siempre le había ofrecido un hombro sobre el que llorar, estaba claro,
pero quiso exigirle un poco más de constancia, vaya. Ella se excusó diciendo
que había estado muy ocupada, que había tenido que acudir al rescate de muchos
pseudo-escritores frustrados.
-No
sabes como se está poniendo el mundo de melodramáticos -le dijo-. No es que me
queje, pero entiéndeme, es que no me dejáis en paz.
-Bueno,
pero hoy no te he pedido que vengas. Estoy bien…creo- replicó el Sr. M.
- ¿En qué quedamos? ¿Te alegras o no de mi visita?
Nunca sabes lo que quieres. Veo que no cambias. Bueno, cuéntame. ¿Qué pasa?
-Pues
eso mismo…
-¿El qué?
-Pues eso, que nunca sé lo que
quiero.
La Inspiración
se puso cómoda, pues sabía que iba para rato. Mientras, el Insomnio merodeaba
por ahí, como si con él no fuese la cosa. El Sr. M, ya familiarizado con estas
terapias, se relajó y dejó que fluyesen sus pensamientos. Charlaron largo y
tendido. Comenzó por compartir con su querida huésped la angustia que le
producía el no saber hacia donde se encaminaba su vida. Literalmente, desconocía lo que buscaba en ella y lo que
ella demandaba de él. Un día quería ser emprendedor, al siguiente seguir con su
trabajo actual, más tarde apostar por la escritura, y posteriormente por la
vagabundería. Tampoco había una semana que no pensase en subir de peldaño en su
formación académica. Había mañanas que quería hacerlo todo al mismo tiempo y
mañanas que deseaba no existir. Por
supuesto, todo esto en lugares remotos. Es más, cuanto más remotos, mejor. Ella
le contestaba diciendo que eso era normal, sobre todo a su edad. Pero él decía
que no, que lo suyo era de estudio. Que no se conformaba con nada y al mismo
tiempo con todo. Que su vida era una pelea constante de fuerzas, deseos, ideas,
proyectos e impulsos, cada cual barriendo para su lado, tirando de una soga
amarrada a su cuello cortándole la respiración. Un oxímoron permanente. Un
desbalance de voluntades.
-¡Qué exagerado eres! ¡Estás hecho una drama queen, como dicen los gringos! -, le
espetó ella.
-¿Me vas a escuchar o qué? ¡Si has venido para tocar las
pelotas puedes largarte por donde viniste! -, le contestó él.
-Además
de quejica, agresivo. Lo que tiene que aguantar una-, murmuró ella en un tono
casi imperceptible.
-¿Qué dices?
-Nada,
nada. Que hables, que me encanta escucharte-, contestó ella con ironía, al
tiempo que el Insomnio sonreía maliciosamente, pues sabía que esta tensión
entre los dos amigos le permitiría quedarse más de lo esperado.
Y el
Sr. M se relajó de nuevo y, una vez más, dio rienda suelta a su desorganizada mente,
continuando con sus dudas académico-profesionales. Un tema llevó al siguiente,
y como siempre, se fue por las ramas y sin darse cuenta se vio hablando de
cuestiones de fe (o falta de ella). Comentaron que en (raras) ocasiones era un
ferviente creyente del más allá, en un
ser superior y benevolente, y en el perdón de los pecados, por los siglos de
los siglos, Amén . En otras –la mayoría- era un simple agnóstico, un ambiguo de
las creencias sobrenaturales, de esos que te dicen “Yo nosialomejor creo”. Una puta de la fe, vamos. Y en muy contadas instancias,
ya casi ninguna, se sentía atraído por el ateísmo.
-Y
ahora, ¿qué eres?
-Pues
no lo sé.
-¿Cómo que no lo sabes?
-Pues
ni idea, tía. Ateo, no creo que sea. Hoy por hoy me encuentro en una posición
intermedia entre el agnosticismo y la fe. Es decir, en una cuarta categoría a
la que todavía no he puesto nombre.
-¿Una
puta de la fe a tiempo parcial?
-No me
gusta como suena, pero sí, podría decirse que sí.
La Inspiración
suspiró, como queriendo indicar que su amigo era incomprensible. Un caso no
apto para ser estudiado, pues desquiciaría al más paciente y cuerdo de los
sabios. Y tras varios intentos fallidos de resolver el asunto de la fe, pasaron
a la cuestión del amor. Que si a esa le dio todo, que si a la otra nada, que si
a aquella todo y nada, que si esta es la definitiva, que si no lo es, que si
todas valen, que si ninguna vale, que si todas y ninguna, que si la filipina ,
que si la blanca, que si la china o la colombiana, la alta, la flaca o la baja,
la fresca o la más puritana. Nunca. Estaba. Conforme. Ni ellas con él, todo hay
que decirlo. Sea lo que fuere, en asuntos del amor, como ocurría con cualquier
otro aspecto de su vida, tenía la picha hecha un lío.
Se
encontraba el Sr. M enredado en las ramas de su intelecto, cuando un profundo ronquido
le interrumpió. Levantó la mirada y se percató de que sus dos acompañante
nocturnos, el Insomnio y la Inspiración, habían caído fulminados. Una vez más,
esos incansables compañeros de mil y una noches de tormento y dudas, no
pudieron aguantar las batallas internas del Sr. M y desfallecieron en el
intento de comprenderlo. Se sintió tentado de despertarlos, pero al reparar que eran ya las 5.53 decidió dejarlos dormir. Ya acostado, mientras se le
cerraban los ojos, le vinieron a la mente unos versos de H Roto.
“Si todo lo que
escribí no sirvió de nada.
Sólo pienso en el futuro, eso me está matando;
antes volaba una cometa, con eso bastaba.”
Sólo pienso en el futuro, eso me está matando;
antes volaba una cometa, con eso bastaba.”
Y sin haber resuelto absolutamente nada,
pero satisfecho por la visita de una muy desgastada Inspiración, por fin
consiguió conciliar el sueño.
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