Mostrando entradas con la etiqueta versos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta versos. Mostrar todas las entradas

miércoles, 10 de febrero de 2016

Vuelva usted

De poco sirve un ave libre,
Sin tener a quién cantar.

De poco sirve mi corazón,
Sin poderla a usted amar.

De poco sirven estos versos,
Si su alma no pueden tocar.

De poco sirve mi mirada,
Si a mi lado usted no está.

Puedo sangrar ríos de tinta,
Romperme la camisa
Y desconsolado llorar.

Puedo vomitar mis tormentos,
Aferrarme a los recuerdos
Y la realidad negar.

Puedo abrirme las venas,
Desear mi muerte lenta
Y todo abandonar.

Puedo implorarle que vuelva,
Prometerle otra vida
Y mi ser entregar.


……………………………………………


Se lo grito.
Se lo susurro.
Se lo escribo.

Vuelva usted.

domingo, 28 de diciembre de 2014

Una noche de insomnio


Madrid. 3.53 de la madrugada. 28 de diciembre. Domingo. El Sr. M se retuerce en la cama desde hace varias horas. Es ya la cuarta noche consecutiva en la que su viejo enemigo, el Insomnio, le vuelve a hacer compañía.  Hacía tiempo que no le visitaba. Y como siempre, se dejaba caer por sorpresa.

-Hijo de puta, no me dejas en paz ¿eh? Pasa, pasa, ponte cómodo. Estás en tu casa-, le dijo.

Pero esta vez con el Insomnio volvió otra vieja conocida: la Inspiración. Algo desmejorada, pero estaba de vuelta.  De esto no tenía quejas. De hecho, se alegró de verla. Se preguntó dónde cojones se había metido su única y verdadera amiga. Aquella que nunca le había abandonado en los momentos más bajos. Aunque agradecido por su incondicional apoyo, también se cuestionaba por qué la mayoría de visitas se producían en situaciones de tormento, y nunca o casi nunca en los momentos de jolgorio y felicidad (que los había). Siempre le había ofrecido un hombro sobre el que llorar, estaba claro, pero quiso exigirle un poco más de constancia, vaya. Ella se excusó diciendo que había estado muy ocupada, que había tenido que acudir al rescate de muchos pseudo-escritores frustrados.

-No sabes como se está poniendo el mundo de melodramáticos -le dijo-. No es que me queje, pero entiéndeme, es que no me dejáis en paz.

-Bueno, pero hoy no te he pedido que vengas. Estoy bien…creo- replicó el Sr. M.

- ¿En qué quedamos? ¿Te alegras o no de mi visita? Nunca sabes lo que quieres. Veo que no cambias. Bueno, cuéntame. ¿Qué pasa?

-Pues eso mismo…

-¿El qué?

-Pues eso, que nunca sé lo que quiero.

La Inspiración se puso cómoda, pues sabía que iba para rato. Mientras, el Insomnio merodeaba por ahí, como si con él no fuese la cosa. El Sr. M, ya familiarizado con estas terapias, se relajó y dejó que fluyesen sus pensamientos. Charlaron largo y tendido. Comenzó por compartir con su querida huésped la angustia que le producía el no saber hacia donde se encaminaba su vida. Literalmente,  desconocía lo que buscaba en ella y lo que ella demandaba de él. Un día quería ser emprendedor, al siguiente seguir con su trabajo actual, más tarde apostar por la escritura, y posteriormente por la vagabundería. Tampoco había una semana que no pensase en subir de peldaño en su formación académica. Había mañanas que quería hacerlo todo al mismo tiempo y mañanas que deseaba no existir.  Por supuesto, todo esto en lugares remotos. Es más, cuanto más remotos, mejor. Ella le contestaba diciendo que eso era normal, sobre todo a su edad. Pero él decía que no, que lo suyo era de estudio. Que no se conformaba con nada y al mismo tiempo con todo. Que su vida era una pelea constante de fuerzas, deseos, ideas, proyectos e impulsos, cada cual barriendo para su lado, tirando de una soga amarrada a su cuello cortándole la respiración. Un oxímoron permanente. Un desbalance de voluntades.

-¡Qué exagerado eres! ¡Estás hecho una drama queen, como dicen los gringos! -, le espetó ella.

-¿Me vas a escuchar o qué? ¡Si has venido para tocar las pelotas puedes largarte por donde viniste! -, le contestó él.

-Además de quejica, agresivo. Lo que tiene que aguantar una-, murmuró ella en un tono casi imperceptible.

-¿Qué dices?

-Nada, nada. Que hables, que me encanta escucharte-, contestó ella con ironía, al tiempo que el Insomnio sonreía maliciosamente, pues sabía que esta tensión entre los dos amigos le permitiría quedarse más de lo esperado.

Y el Sr. M se relajó de nuevo y, una vez más, dio rienda suelta a su desorganizada mente, continuando con sus dudas académico-profesionales. Un tema llevó al siguiente, y como siempre, se fue por las ramas y sin darse cuenta se vio hablando de cuestiones de fe (o falta de ella). Comentaron que en (raras) ocasiones era un ferviente creyente del más allá,  en un ser superior y benevolente, y en el perdón de los pecados, por los siglos de los siglos, Amén . En otras –la mayoría- era un simple agnóstico, un ambiguo de las creencias sobrenaturales, de esos que te dicen “Yo nosialomejor creo”. Una puta de la fe, vamos. Y en muy contadas instancias, ya casi ninguna, se sentía atraído por el ateísmo.

-Y ahora, ¿qué eres?

-Pues no lo sé.

-¿Cómo que no lo sabes?

-Pues ni idea, tía. Ateo, no creo que sea. Hoy por hoy me encuentro en una posición intermedia entre el agnosticismo y la fe. Es decir, en una cuarta categoría a la que todavía no he puesto nombre.

-¿Una puta de la fe a tiempo parcial?

-No me gusta como suena, pero sí, podría decirse que sí.

La Inspiración suspiró, como queriendo indicar que su amigo era incomprensible. Un caso no apto para ser estudiado, pues desquiciaría al más paciente y cuerdo de los sabios. Y tras varios intentos fallidos de resolver el asunto de la fe, pasaron a la cuestión del amor. Que si a esa le dio todo, que si a la otra nada, que si a aquella todo y nada, que si esta es la definitiva, que si no lo es, que si todas valen, que si ninguna vale, que si todas y ninguna, que si la filipina , que si la blanca, que si la china o la colombiana, la alta, la flaca o la baja, la fresca o la más puritana. Nunca. Estaba. Conforme. Ni ellas con él, todo hay que decirlo. Sea lo que fuere, en asuntos del amor, como ocurría con cualquier otro aspecto de su vida, tenía la picha hecha un lío.

Se encontraba el Sr. M enredado en las ramas de su intelecto, cuando un profundo ronquido le interrumpió. Levantó la mirada y se percató de que sus dos acompañante nocturnos, el Insomnio y la Inspiración, habían caído fulminados. Una vez más, esos incansables compañeros de mil y una noches de tormento y dudas, no pudieron aguantar las batallas internas del Sr. M y desfallecieron en el intento de comprenderlo. Se sintió tentado de despertarlos, pero al reparar que eran ya las 5.53 decidió dejarlos dormir. Ya acostado, mientras se le cerraban los ojos, le vinieron a la mente unos versos de H Roto.

“Si todo lo que escribí no sirvió de nada.
Sólo pienso en el futuro, eso me está matando;
antes volaba una cometa, con eso bastaba.”


Y sin haber resuelto absolutamente nada, pero satisfecho por la visita de una muy desgastada Inspiración, por fin consiguió conciliar el sueño.